{"id":353,"date":"2026-09-14T13:46:19","date_gmt":"2026-09-14T13:46:19","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/?p=353"},"modified":"2026-09-14T13:46:23","modified_gmt":"2026-09-14T13:46:23","slug":"la-honestidad-de-la-mafia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/la-honestidad-de-la-mafia\/","title":{"rendered":"La honestidad de la mafia"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay algo profundamente irritante en descubrir que hasta la mafia tiene ciertos escr\u00fapulos. No demasiados, tampoco nos pongamos estupendos. La mafia extorsiona, trafica, corrompe, rompe piernas y, llegado el caso, mata. No es mi intenci\u00f3n iniciar aqu\u00ed una campa\u00f1a de rehabilitaci\u00f3n de la Cosa Nostra. Pero en determinados negocios existe una regla elemental que hasta un delincuente comprende perfectamente: si vas a vivir de las apuestas, tienes que pagar al que gana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante buena parte del siglo XX, especialmente en Estados Unidos, las apuestas deportivas estuvieron \u00edntimamente relacionadas con el corredor de apuestas, el <em>bookie<\/em>, que aceptaba las apuestas, fijaba las cuotas, llevaba las cuentas y, cuando terminaba el partido, cobraba a unos y pagaba a otros. En casi todo el pa\u00eds, el negocio era ilegal y estaba relacionado con organizaciones criminales, y estas necesitaban que sus clientes volvieran la semana siguiente. Si apostabas cien d\u00f3lares a que los Yankees ganaban y ganaban, cobrabas. Si perd\u00edas, pagabas. Y si no pagabas, probablemente descubr\u00edas que el departamento de recobros ten\u00eda m\u00e9todos poco homologables por el Banco de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hay nada noble en aquello. El jugador compulsivo es un cliente magn\u00edfico para el corredor, como lo es para cualquier negocio de apuestas. Le acepta dinero que no deb\u00eda apostar, puede darle cr\u00e9dito que no debe concederle y contribuye encantado a su ruina mientras siga pagando; y si deja de pagar, entonces tiene un problema, porque el juego clandestino a\u00f1ade adem\u00e1s usura, amenazas y violencia. No a\u00f1oremos lo que nunca mereci\u00f3 ser a\u00f1orado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay una cosa transparente: aquello era una apuesta. No era un negocio honrado. Era un negocio transparente. T\u00fa pones cien d\u00f3lares a que ganan los Yankees. El corredor te ofrece una cuota. Si aciertas, cobras; si no, pierdes los cien d\u00f3lares. El negocio est\u00e1 a la vista y tambi\u00e9n lo est\u00e1 el conflicto de intereses entre quienes participan en \u00e9l. El beneficio del <em>bookie<\/em> tampoco tiene demasiado misterio. Imaginemos un acontecimiento con dos resultados que tienen exactamente un cincuenta por ciento de posibilidades. Una apuesta justa deber\u00eda pagar 2,00: apuestas cien y, si aciertas, recibes doscientos. El corredor ofrece 1,90 a cada resultado. Si consigue cien euros apostados a cada lado, recauda doscientos, entrega ciento noventa al ganador y se queda diez. La realidad es m\u00e1s complicada, claro, las cuotas cambian y el libro nunca est\u00e1 perfectamente equilibrado, pero el principio permanece: las probabilidades incorporan un margen favorable a quien organiza las apuestas. La casa no necesita hacer trampas para ganar dinero: las propias cuotas ya est\u00e1n construidas para pagar su intervenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entonces decidimos quitarle al negocio lo poco que le quedaba de obscena sinceridad y cogimos un negocio que ya ten\u00eda matem\u00e1ticamente las probabilidades a su favor y decidimos industrializarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>bookie<\/em> necesitaba un partido, pero las casas de apuestas modernas no quieren esperar a nada. Puedes apostar antes del partido, durante el partido y en el descanso; al ganador, al pr\u00f3ximo goleador, a los c\u00f3rners, a las tarjetas o al siguiente juego de un partido de tenis. El acontecimiento deportivo deja de ser simplemente aquello sobre lo que apuestas y se convierte en materia prima de la que extraer nuevas oportunidades para apostar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed aparece una diferencia bastante m\u00e1s importante que la comodidad. Antes exist\u00eda un momento reconocible en el que uno decid\u00eda apostar. Ahora la tecnolog\u00eda permite convertirlo en una actividad continua. El tel\u00e9fono ofrece bonos, cuotas mejoradas, <em>cashback<\/em>, apuestas supuestamente gratuitas y promociones que caducan dentro de unos minutos. Si pierdes, incluso puedes recibir saldo para volver a jugar. No te devuelven cinco euros para que te tomes una cerveza: te los devuelven para que hagas otra apuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto no convierte al antiguo corredor en una buena persona. Ambos modelos tienen una relaci\u00f3n particularmente siniestra y depredadora con la ludopat\u00eda: el cliente incapaz de dejar de jugar es precisamente el que seguir\u00e1 entreg\u00e1ndoles dinero. La diferencia es que la plataforma moderna dispone de algo con lo que el <em>bookie<\/em> ni siquiera pod\u00eda so\u00f1ar. Sabe cu\u00e1ndo apuestas, cu\u00e1nto, a qu\u00e9 deportes, qu\u00e9 promociones funcionan contigo y qu\u00e9 consigue que vuelvas a abrir la aplicaci\u00f3n. Puede hacer que apostar sea inmediato, ubicuo y cada vez menos parecido a aquella decisi\u00f3n consciente de sacar cien d\u00f3lares del bolsillo y entreg\u00e1rselos a un tipo que anotaba Yankees en una libreta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y todav\u00eda quedaba un paso m\u00e1s: conseguir que incluso la palabra apuesta resultara innecesaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Novig, por ejemplo, acaba de incorporar a Sydney Sweeney en ropa interior como socia estrat\u00e9gica y accionista para promocionar su plataforma. Novig no se presenta como una casa de apuestas convencional, sino como un mercado de predicci\u00f3n deportiva. Y existen diferencias reales. En lugar de aceptar la cuota que ofrece una casa, los participantes compran y venden posiciones entre ellos y los precios se forman en el mercado. T\u00e9cnicamente no es lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo interesante es el lenguaje. Ya no apuestas: compras un contrato. No tienes una apuesta abierta: tienes una posici\u00f3n. No eres un apostante: eres un participante en un mercado. Podemos a\u00f1adir una interfaz que recuerde a una plataforma financiera, hablar de liquidez y contratar a Sydney Sweeney para explicarnos las bondades del invento. Pero si pongo cien d\u00f3lares porque creo que los Lakers van a ganar, gano dinero si ganan y pierdo mis cien d\u00f3lares si pierden, mi pobre cerebro anal\u00f3gico sigue empe\u00f1ado en utilizar una palabra bastante antigua para describirlo: apostar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y quiz\u00e1 sea ah\u00ed donde aparece la honestidad de la mafia. No porque aquellos tipos fueran honrados u honestos. No lo eran. Tambi\u00e9n viv\u00edan de la debilidad ajena y estaban encantados de seguir aceptando apuestas del hombre que estaba destruyendo su vida. La diferencia es que el viejo depredador ense\u00f1aba los dientes. No te dec\u00eda que estaba mejorando tu experiencia deportiva, ni te convert\u00eda en miembro de una comunidad, ni llamaba posici\u00f3n a tu apuesta. Te preguntaba cu\u00e1nto quer\u00edas jugar y t\u00fa sab\u00edas perfectamente qui\u00e9n era \u00e9l, qu\u00e9 quer\u00eda de ti y qu\u00e9 estabas haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El negocio sigue necesitando perdedores y entre ellos siempre encontrar\u00e1 a quienes ya no saben dejar de jugar. Lo verdaderamente moderno no es esa depredaci\u00f3n. Es haber construido alrededor de ella una industria tecnol\u00f3gica, publicitaria y ling\u00fc\u00edstica capaz de presentarla como una experiencia divertida, sofisticada y hasta vagamente financiera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay algo profundamente irritante en descubrir que hasta la mafia tiene ciertos escr\u00fapulos. No demasiados, tampoco nos pongamos estupendos. La mafia extorsiona, trafica, corrompe, rompe piernas y, llegado el caso, mata. No es mi intenci\u00f3n iniciar aqu\u00ed una campa\u00f1a de rehabilitaci\u00f3n de la Cosa Nostra. 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