{"id":329,"date":"2025-12-15T14:00:04","date_gmt":"2025-12-15T14:00:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=329"},"modified":"2025-12-15T14:00:06","modified_gmt":"2025-12-15T14:00:06","slug":"responsabilidad-mal-entendida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/responsabilidad-mal-entendida\/","title":{"rendered":"Responsabilidad mal entendida"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante unos meses, en alg\u00fan punto entre 2020 y 2021, pareci\u00f3 que como sociedad hab\u00edamos aprendido algo. No fue una gran revelaci\u00f3n, pero s\u00ed una idea elemental: si est\u00e1s enfermo, no vayas a trabajar. Qu\u00e9date en casa. No hay m\u00e9rito en presentarse con fiebre, no hay profesionalidad en toser a un compa\u00f1ero a medio metro, no hay responsabilidad en convertir el lugar de trabajo en un foco de contagio. Era una noci\u00f3n tan b\u00e1sica que resultaba inc\u00f3modo admitir que hab\u00eda hecho falta una pandemia global para interiorizarla. Durante un tiempo, al menos, pareci\u00f3 asumida.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><a href=\"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18-768x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-330\" style=\"width:386px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18-768x1024.jpeg 768w, https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18-225x300.jpeg 225w, https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18-1152x1536.jpeg 1152w, https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/WhatsApp-Image-2025-12-04-at-16.45.18.jpeg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Ese tiempo ya pas\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no hablo en abstracto. Hablo tambi\u00e9n de m\u00ed. Esta semana he ido a trabajar con casi 39 de fiebre. Lo he hecho convencido de que era necesario, de que no pod\u00eda faltar, de que mi ausencia iba a causar un problema serio. Me cre\u00ed imprescindible. Me sent\u00e9 delante de un ordenador mareado, sudando, rindiendo mal, pero con la sensaci\u00f3n \u2014absurda\u2014 de estar haciendo lo correcto. No lo estaba. No es responsabilidad: es pura inercia y una dosis considerable de ego.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hemos vuelto a una normalidad que consiste en fingir que los cuerpos no importan, que la biolog\u00eda es una molestia secundaria y que los virus solo existen cuando protagonizan ruedas de prensa. Las oficinas vuelven a llenarse de personas con gripe, fiebre, congesti\u00f3n y tos persistente. A veces por decisi\u00f3n propia, muchas otras porque el mensaje sigue ah\u00ed, impl\u00edcito o expl\u00edcito: hay que estar. \u201cNo ser\u00e1 para tanto\u201d, \u201cseguro que puedes aguantar\u201d, \u201cya descansar\u00e1s luego\u201d. Como si \u201caguantar\u201d fuera una virtud y no una forma bastante eficaz de empeorar las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s inquietante no es que ocurra, sino lo r\u00e1pido que lo hemos normalizado. No ha habido reflexi\u00f3n ni ajuste. Simplemente hemos vuelto a lo de antes porque es lo m\u00e1s c\u00f3modo para todos, empezando por quienes no asumen las consecuencias directas. Cuestionar esta din\u00e1mica obligar\u00eda a revisar demasiadas certezas: c\u00f3mo se mide la productividad, por qu\u00e9 se sigue confundiendo compromiso con presencia f\u00edsica y hasta qu\u00e9 punto hemos interiorizado que enfermar es una molestia que hay que esconder.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la pandemia se repiti\u00f3 hasta el cansancio \u2014con datos, estudios y expertos exhaustos\u2014 que muchos contagios se producen precisamente en los espacios laborales compartidos. Se nos explic\u00f3 que quedarse en casa cuando uno est\u00e1 enfermo no era falta de implicaci\u00f3n, sino prevenci\u00f3n b\u00e1sica. Que el teletrabajo era viable en muchos casos. Que la flexibilidad no destru\u00eda a las empresas ni paralizaba el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ese aprendizaje ten\u00eda fecha de caducidad. No porque fuera incorrecto, sino porque incomodaba.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato actual es simple y peligroso: \u201cya no hay pandemia, as\u00ed que no pasa nada\u201d. Como si los virus hubieran desaparecido por decreto. Como si la ausencia de una emergencia oficial anulara cualquier responsabilidad colectiva. La enfermedad vuelve a tratarse como un asunto privado, incluso cuando sus efectos se reparten entre compa\u00f1eros que no han elegido exponerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed entra en juego una cultura laboral t\u00f3xica muy arraigada, que yo mismo he reproducido sin cuestionar: la glorificaci\u00f3n del aguante. Esa idea de que ir a trabajar enfermo demuestra car\u00e1cter, compromiso, profesionalidad. Que pedir una baja es exagerar. Que quedarse en casa con fiebre es casi sospechoso. Yo he comprado ese discurso. He actuado en consecuencia. Y el resultado no fue ejemplaridad, sino riesgo innecesario para otros y un rendimiento claramente peor.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ir\u00f3nico es que, durante la pandemia, muchas empresas demostraron que pod\u00edan ser flexibles. Que pod\u00edan confiar. Que pod\u00edan priorizar la salud sin que todo se viniera abajo. Y, sin embargo, en cuanto desapareci\u00f3 la presi\u00f3n externa, esa flexibilidad se repleg\u00f3. No porque no funcionara, sino porque aceptar que funcionaba obligaba a reconocer algo inc\u00f3modo: muchas normas laborales no son necesarias, solo heredadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Volver al \u201cven aunque est\u00e9s enfermo\u201d es trasladar el riesgo al individuo mientras se mantiene intacta la estructura. Se apela al sacrificio personal, pero se ignora el impacto colectivo. Se normaliza que alguien con s\u00edntomas se siente en una oficina cerrada, pero se cuestiona a quien pide quedarse en casa para no contagiar. Y as\u00ed, poco a poco, se interioriza la idea de que el problema no es el sistema, sino quien no se adapta a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de vivir con miedo ni de dramatizar cada resfriado. Se trata de no olvidar una lecci\u00f3n b\u00e1sica: compartimos espacios, aire y tiempo. Lo que le pasa a uno rara vez se queda solo en uno. Yo no era indispensable con 39 de fiebre. Nadie lo es. Pensarlo no nos hace responsables; nos hace parte del problema.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el verdadero fracaso no sea haber relajado las medidas, sino haber olvidado por qu\u00e9 exist\u00edan. No eran exageraciones ni man\u00edas temporales. Eran respuestas pr\u00e1cticas a una realidad evidente. Fingir que ya no importa es c\u00f3modo, pero profundamente irresponsable.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que aqu\u00ed estamos otra vez, en invierno, con oficinas llenas de toses, transporte p\u00fablico convertido en un experimento permanente y un consenso silencioso de que esto es \u201clo normal\u201d. Como si no se hubiera demostrado que pod\u00eda hacerse mejor. Como si aprender algo hubiera sido solo una obligaci\u00f3n pasajera.<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia no nos hizo m\u00e1s solidarios ni m\u00e1s conscientes. Durante un breve periodo, nos oblig\u00f3 \u2014a empresas y a trabajadores\u2014 a comportarnos mejor de lo que quer\u00edamos. En cuanto dej\u00f3 de ser obligatorio, muchos dejaron de hacerlo. Y otros, como yo, volvimos a creernos indispensables, incluso cuando apenas pod\u00edamos mantenernos en pie.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante unos meses, en alg\u00fan punto entre 2020 y 2021, pareci\u00f3 que como sociedad hab\u00edamos aprendido algo. No fue una gran revelaci\u00f3n, pero s\u00ed una idea elemental: si est\u00e1s enfermo, no vayas a trabajar. Qu\u00e9date en casa. No hay m\u00e9rito en presentarse con fiebre, no hay profesionalidad en toser a un compa\u00f1ero a medio metro, &#8230; <a title=\"Responsabilidad mal entendida\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/responsabilidad-mal-entendida\/\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Responsabilidad mal entendida\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-329","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_likes_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/329","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=329"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/329\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":331,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/329\/revisions\/331"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=329"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=329"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=329"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}