{"id":274,"date":"2025-08-11T12:08:01","date_gmt":"2025-08-11T12:08:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=274"},"modified":"2025-08-11T12:08:02","modified_gmt":"2025-08-11T12:08:02","slug":"cotizar-o-morir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/cotizar-o-morir\/","title":{"rendered":"Cotizar o morir"},"content":{"rendered":"\n<p>En alg\u00fan momento entre los faxes de papel t\u00e9rmico y el iPhone 16 Pro Max perdimos la guerra. Mientras nos entreten\u00edan con la ficci\u00f3n de que \u201cel trabajo es la mejor pol\u00edtica social\u201d, empez\u00f3 a cocerse la revoluci\u00f3n que ahora nos ha explotado en la cara: inteligencia artificial, robots, algoritmos que aprenden m\u00e1s r\u00e1pido que cualquier becario y que no cobran dietas, cadenas de montaje que parecen sacadas de una pel\u00edcula de ciencia ficci\u00f3n y call centers que ya no atiende ni Dios, solo un chatbot con acento neutro y sonrisa digital. Y, como en toda buena historia de progreso, hay ganadores y perdedores. Los ganadores est\u00e1n claros: Amazon, que presume de enviar un paquete en menos de 24 horas gracias a almacenes robotizados donde un pu\u00f1ado de trabajadores humanos se dejan la espalda compitiendo con las m\u00e1quinas; Telef\u00f3nica, que externaliza y automatiza su atenci\u00f3n al cliente mientras despide a miles de empleados con d\u00e9cadas de antig\u00fcedad; y el pelot\u00f3n de startups de moda que reciben rondas millonarias para desarrollar software cuya principal virtud es hacer prescindible a un departamento entero. Los perdedores somos todos los dem\u00e1s: trabajadores reemplazados, sistemas p\u00fablicos de pensiones que ven desaparecer sus cotizaciones, y Estados que, con la caja vac\u00eda, se atreven a recortar sanidad o educaci\u00f3n mientras sonr\u00eden a los inversores en Davos. Incluso hay quien, como la Ilustr\u00edsima marquesa de Casa Fuerte, Cayetana \u00c1lvarez de Toledo, sugiere sin pesta\u00f1ear que quiz\u00e1 debamos \u201csacrificar festivos, vacaciones y\u00a0(estado de) bienestar\u201d en nombre de causas superiores. Como si la soluci\u00f3n al vaciado de la Seguridad Social por la automatizaci\u00f3n fuera que el trabajador renuncie a su descanso, en vez de que el empresario comparta un poco de la plusval\u00eda que sus m\u00e1quinas producen. Es el asqueroso truco de girar la c\u00e1mara: se\u00f1alar el supuesto exceso de derechos laborales mientras los beneficios empresariales engordan sin tocar un c\u00e9ntimo de su contribuci\u00f3n real al sistema. Si de verdad queremos defender la democracia y la libertad, lo primero es garantizar que la productividad que generan las herramientas tecnol\u00f3gicas tambi\u00e9n se traduce en recursos para sostener el Estado social, no en m\u00e1s jornadas interminables para quienes a\u00fan tienen empleo.<\/p>\n\n\n\n<p>La tecnolog\u00eda aumenta la productividad -lo viene haciendo desde que Joseph Marie Jacquard fabricase el primer telar mec\u00e1nico-, los beneficios se concentran en manos del accionista, las cotizaciones no crecen porque el empleo humano mengua o se precariza, y lo que ganan ellos lo pierde la caja com\u00fan. Marx lo explic\u00f3 sin conocer Silicon Valley: la plusval\u00eda es el valor que produce el trabajador y que no se le paga. Solo que ahora, con la robotizaci\u00f3n, la extracci\u00f3n de plusval\u00eda es exponencial. Antes hab\u00eda que exprimir al obrero con m\u00e1s horas o m\u00e1s intensidad; ahora basta con sustituirlo por un software. Y la m\u00e1quina, para colmo, no pide vacaciones ni tiene hijos que mantener. El \u00fanico \u201csalario\u201d que recibe es electricidad barata y una licencia de uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Permitidme un ejemplo que -para mi lo explica bien: Un peque\u00f1o despacho de abogados. En los a\u00f1os 70, un bufete de tres o cuatro letrados sol\u00eda tener un aut\u00e9ntico ej\u00e9rcito de apoyo: dos mecan\u00f3grafas o secretarias para escribir demandas a m\u00e1quina, una telefonista para atender llamadas, un ordenanza que iba y ven\u00eda del juzgado cargado de carpetas y un contable que llevaba facturas y n\u00f3minas. Siete, ocho, incluso diez personas en n\u00f3mina, todas cotizando. Sin esa estructura humana, el abogado no pod\u00eda producir. Hoy ese mismo despacho tiene los mismos tres o cuatro letrados\u2026 y un administrativo a tiempo parcial que hace de secretaria, contable y mensajero, apoyado en Word, Excel, un software de gesti\u00f3n en la nube, LexNET y, cada vez m\u00e1s, inteligencia artificial que redacta borradores y revisa contratos. El resultado: la misma o mayor facturaci\u00f3n que en los 70, mucha m\u00e1s productividad por persona\u2026 y menos de la mitad de cotizantes. Lo que antes iba a la Seguridad Social v\u00eda n\u00f3minas ahora se queda en la cuenta del socio, porque las herramientas no cotizan.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no es un caso aislado. En la banca, donde antes hab\u00eda oficinas en cada barrio con varias personas en ventanilla, ahora se empuja a los clientes a operar con una app o un cajero inteligente. El banco ahorra millones en salarios y cotizaciones, pero no aporta un euro extra a la Seguridad Social por los miles de operaciones que procesa un algoritmo en lugar de un cajero. En las grandes superficies, las cajas de autopago sustituyen a cajeras que antes ten\u00edan n\u00f3mina y vacaciones; el supermercado se embolsa el ahorro y, otra vez, el sistema p\u00fablico pierde ingresos. En el transporte, empresas como Uber o Cabify usan software de asignaci\u00f3n autom\u00e1tica de viajes que antes habr\u00eda requerido un centro de llamadas; la plantilla desaparece, la app no cotiza y los beneficios suben.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, el trabajador que queda se convierte en un ap\u00e9ndice de la m\u00e1quina, su productividad medida en euros por hora se dispara, pero su sueldo sigue igual o, con suerte, sube lo que marque el IPC (si sube). La diferencia no va a un fondo solidario, sino a recompras de acciones de Microsoft, bonus de directivos, o dividendos que acaban en un para\u00edso fiscal como reserva societaria. Y el sistema p\u00fablico, que se financia sobre la ficci\u00f3n de que todos trabajamos y cotizamos, se queda con un agujero cada vez m\u00e1s grande.<\/p>\n\n\n\n<p>En un sistema de reparto como el espa\u00f1ol, las cotizaciones presentes pagan las prestaciones actuales. Si los empleos desaparecen o se convierten en \u201ccolaboraciones\u201d de 300 euros al mes para Glovo, la base de ingresos se hunde. Menos cotizantes, menos ingresos; y, a la vez, m\u00e1s gasto porque los expulsados por la tecnolog\u00eda acaban dependiendo de subsidios o rentas m\u00ednimas. La paradoja es grotesca: producimos m\u00e1s riqueza que nunca, con menos esfuerzo humano, y el discurso oficial sigue siendo que \u201cno hay dinero\u201d para sostener la red de protecci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se plantea una cotizaci\u00f3n digital \u2014que las empresas paguen a la Seguridad Social por el trabajo que hacen sus m\u00e1quinas\u2014, la respuesta de la patronal es de manual: que ya pagan impuestos. No dicen que esos impuestos son cada vez m\u00e1s f\u00e1ciles de esquivar con ingenier\u00eda fiscal, y que el sistema de cotizaciones actual est\u00e1 pensado para un mundo con trabajo humano masivo. El resultado de su silencio es claro: los beneficios de la automatizaci\u00f3n se privatizan y las p\u00e9rdidas se socializan.<\/p>\n\n\n\n<p>La mec\u00e1nica ser\u00eda tan sencilla como molesta para el lobby: identificas la herramienta que sustituye trabajo humano (un robot en una nave de SEUR, un algoritmo que hace el trabajo de diez analistas en BBVA), calculas cu\u00e1nto ahorro de salarios y cotizaciones supone y aplicas un porcentaje que va directo a la Seguridad Social. Como con las emisiones de CO\u2082: si contaminas, pagas; si despides a la mitad porque una m\u00e1quina lo hace m\u00e1s r\u00e1pido, tambi\u00e9n pagas.<\/p>\n\n\n\n<p>Y no estamos solos en la idea. Corea del Sur lleva a\u00f1os discutiendo un impuesto a los robots. El Parlamento Europeo debati\u00f3 en 2017 la figura de una \u201cpersonalidad electr\u00f3nica\u201d para que ciertos sistemas paguen impuestos. Incluso Bill Gates \u2014que no es precisamente un sindicalista\u2014 sugiri\u00f3 que, si un robot reemplaza a un trabajador, deber\u00eda pagar lo mismo que ese trabajador cotizaba. No se trata de frenar el progreso, sino de que el progreso siga sosteniendo el contrato social en vez de vaciarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las excusas son tan previsibles como inanes. Que esto frenar\u00e1 la innovaci\u00f3n, dicen, como si pagar impuestos hubiera detenido la fiebre del oro de la inteligencia artificial. Que es dif\u00edcil medir el impacto, como si no llev\u00e1ramos d\u00e9cadas calculando huellas de carbono o c\u00e1nones por copia privada. Que ya invierten en formaci\u00f3n, dicen los mismos que recortan plantillas y ofrecen \u201creciclaje\u201d de dos tardes en un aula virtual.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la discusi\u00f3n de fondo no es t\u00e9cnica, sino moral. \u00bfQui\u00e9n debe beneficiarse del incremento de productividad que trae la tecnolog\u00eda? Si la respuesta es \u201csolo el accionista\u201d, entonces asumimos un feudalismo digital en el que la mayor\u00eda sobrevive a expensas de una \u00e9lite propietaria de m\u00e1quinas y algoritmos. Si entendemos que esa productividad es hija de siglos de conocimiento colectivo, de universidades p\u00fablicas, de infraestructuras pagadas entre todos y de marcos legales que garantizan mercados estables, entonces la conclusi\u00f3n es obvia: parte de esa ganancia debe volver a la sociedad que la hizo posible.<\/p>\n\n\n\n<p>El encaje jur\u00eddico es viable: bastar\u00eda reformar la Ley General de la Seguridad Social para reconocer como hecho imponible la \u201cactividad econ\u00f3mica automatizada sustitutiva de empleo humano\u201d, con una base de cotizaci\u00f3n calculada sobre el ahorro de costes laborales y la productividad incremental atribuible a la automatizaci\u00f3n. Y s\u00ed, que se coordine a nivel europeo, para que Amazon, Google o Iberdrola no se muden de repente a Malta, Bahamas o a Delaware.<\/p>\n\n\n\n<p>No hacerlo tendr\u00e1 consecuencias catastr\u00f3ficas. Un sistema de Seguridad Social sin ingresos suficientes acaba reduciendo prestaciones, endureciendo requisitos y desplazando a millones de personas hacia seguros privados, rompiendo la l\u00f3gica de solidaridad que lo sustenta. Un mercado laboral en el que las m\u00e1quinas trabajan gratis para el empresario pero no para el conjunto de la sociedad es un mercado condenado a producir desigualdad extrema. Y un Estado que mira hacia otro lado mientras se vac\u00eda su principal instrumento de cohesi\u00f3n social es un Estado que abdica de su funci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica no es un fen\u00f3meno meteorol\u00f3gico inevitable; es un proceso pol\u00edtico y econ\u00f3mico. Si lo dejamos en manos de quienes ya est\u00e1n ganando, la concentraci\u00f3n de riqueza ser\u00e1 obscena y el Estado social se convertir\u00e1 en un souvenir del siglo XX. Las cotizaciones digitales no son un impuesto m\u00e1s: son el cintur\u00f3n de seguridad de un contrato social que, sin ellas, se estrellar\u00e1 contra el muro de la desigualdad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En alg\u00fan momento entre los faxes de papel t\u00e9rmico y el iPhone 16 Pro Max perdimos la guerra. 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