{"id":266,"date":"2025-07-24T10:52:46","date_gmt":"2025-07-24T10:52:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=266"},"modified":"2025-07-24T10:57:50","modified_gmt":"2025-07-24T10:57:50","slug":"la-verdad-segun-ellos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/la-verdad-segun-ellos\/","title":{"rendered":"La verdad seg\u00fan ellos"},"content":{"rendered":"\n<p>Siempre digo que mantengo un sano desprecio por la autoridad. No por rebeld\u00eda est\u00e9tica ni por impulso adolescente, sino porque he aprendido \u2014leyendo, escuchando y participando en juicios\u2014 que la polic\u00eda miente. No todas las veces, pero las suficientes como para que la excepci\u00f3n haya dejado de ser tranquilizadora. Miente en los atestados, miente en el estrado, miente en ruedas de prensa. Y lo m\u00e1s grave no es la mentira en s\u00ed, sino que el sistema est\u00e9 dise\u00f1ado para creer esa mentira. Por eso desconf\u00edo. No de la ley, sino de quienes tienen que aplicarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Los polic\u00edas mienten. No s\u00f3lo mienten en el estrado para asegurarse una condena, porque al final del d\u00eda, ellos tienen Presunci\u00f3n de veracidad; ese principio jur\u00eddico por el cual se considera cierto, salvo prueba en contrario, lo que afirman los funcionarios p\u00fablicos en el ejercicio de sus funciones. Y por si acaso salv\u00e1ramos la prueba, a veces las fabrican. Y lo hacen, no porque el sistema est\u00e9 roto, sino porque esa posibilidad \u2014la de alterar, ocultar o inventar\u2014 forma parte del margen operativo del poder. A veces es un atajo. Otras, una venganza. O una estrategia. A veces, incluso, una convicci\u00f3n moral. Pero detr\u00e1s de cada caso donde la verdad se manipula, hay algo m\u00e1s que un \u201cexceso puntual\u201d: hay una l\u00f3gica institucional que lo permite, lo cubre o lo premia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las motivaciones var\u00edan. Hay agentes que fabrican pruebas para proteger intereses personales o de terceros. Casos de polic\u00edas que plantan drogas o armas por encargo de confidentes, exparejas o amigos. Montajes para saldar cuentas privadas a trav\u00e9s de la autoridad. La polic\u00eda no act\u00faa como sujeto aislado: es, muchas veces, herramienta para conflictos ajenos, con acceso privilegiado a la maquinaria legal. Basta un informe bien redactado para que un ciudadano pase de testigo a culpable. Basta una prueba colocada para que la justicia se deslice sin fricci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Otras veces, el montaje responde al \u201cefecto cazador\u201d: cuando los cuerpos de seguridad est\u00e1n convencidos de que alguien es culpable, pero no tienen pruebas suficientes. Entonces se empuja el relato. Se fuerza una declaraci\u00f3n. Se oculta lo que no encaja. Se reescribe el atestado. Todo con una justificaci\u00f3n impl\u00edcita: mejor un culpable fabricado que un culpable libre. El resultado no siempre es el error judicial. A menudo es el \u00e9xito policial. Y ese \u00e9xito se celebra, se premia, se sube a ruedas de prensa. A nadie le interesa preguntar c\u00f3mo se consigui\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego est\u00e1 la dimensi\u00f3n pol\u00edtica. El uso de la polic\u00eda como actor de orden ideol\u00f3gico. Aqu\u00ed no se busca justicia, sino escarmiento. La fabricaci\u00f3n de pruebas opera como castigo preventivo: contra manifestantes, militantes, periodistas o figuras inc\u00f3modas. Se detiene primero, se justifica despu\u00e9s. Se busca un titular que calme al poder o desv\u00ede la atenci\u00f3n p\u00fablica. La verdad deja de importar cuando el delito cumple una funci\u00f3n simb\u00f3lica. Es la polic\u00eda como lenguaje, no como servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s delicado, como dec\u00eda, no es que haya polic\u00edas que mientan, sino que el sistema est\u00e9 dise\u00f1ado para creerlos siempre. Los informes policiales gozan de presunci\u00f3n de veracidad. Un agente no necesita pruebas irrefutables: le basta con redactar un relato coherente. Si un ciudadano lo contradice, ser\u00e1 este quien deba demostrar su inocencia. La carga de la prueba se invierte sin declararlo. Y cuando la mentira se descubre, rara vez hay consecuencias proporcionales. El sistema tolera mejor una prueba falsa que una desobediencia jer\u00e1rquica.<\/p>\n\n\n\n<p>La fabricaci\u00f3n de pruebas no es una patolog\u00eda ocasional. Es un recurso operativo. Puede deberse al abuso, al celo o al encargo, pero en todos los casos se apoya en lo mismo: una relaci\u00f3n desigual entre quien tiene la potestad de escribir lo ocurrido y quien solo puede negarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta no es si ocurre. Ocurre. Y en ese momento -en el estrado y mientras le interrogas-, se te queda cara de gilipollas, porque sabes que el polic\u00eda est\u00e1 minti\u00e9ndole a la cara al juez. La pregunta es cu\u00e1ntas veces pasa sin que nadie lo sepa. Y por qu\u00e9 seguimos llamando justicia a lo que muchas veces es solo una narrativa institucional, incuestionable.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre digo que mantengo un sano desprecio por la autoridad. No por rebeld\u00eda est\u00e9tica ni por impulso adolescente, sino porque he aprendido \u2014leyendo, escuchando y participando en juicios\u2014 que la polic\u00eda miente. No todas las veces, pero las suficientes como para que la excepci\u00f3n haya dejado de ser tranquilizadora. 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