{"id":260,"date":"2025-07-14T13:37:20","date_gmt":"2025-07-14T13:37:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=260"},"modified":"2025-07-14T13:37:22","modified_gmt":"2025-07-14T13:37:22","slug":"la-misma-violencia-de-todos-los-veranos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/la-misma-violencia-de-todos-los-veranos\/","title":{"rendered":"La misma violencia de todos los veranos"},"content":{"rendered":"\n<p>Reconozco que las noticias de los altercados en Torre Pacheco me han conmovido m\u00e1s de lo habitual. Tal vez por la vinculaci\u00f3n familiar con aquel pueblo del Mar Menor, en el campo de Cartagena \u2014aunque apenas lo pis\u00e9 un par de veces, de ni\u00f1o\u2014, o tal vez porque esas manadas que linchan magreb\u00edes cuando sube el calor ya no me sorprenden, pero siguen doliendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Torre Pacheco vive ya su tercera noche de violencia callejera tras la agresi\u00f3n, a\u00fan no esclarecida, de un vecino de 68 a\u00f1os, presuntamente a manos de j\u00f3venes de origen magreb\u00ed. La situaci\u00f3n se agrava con rapidez: circulan bulos en redes sociales, grupos de ultraderecha llegan desde fuera del municipio, se producen persecuciones de inmigrantes, ataques a viviendas y coches, y mensajes de odio convocan una aut\u00e9ntica \u201ccacer\u00eda\u201d. La Guardia Civil despliega unidades especiales (USECIC y GRS), hay varias detenciones, menores agredidos y un clima de miedo extendido en toda la comunidad migrante. Las instituciones intentan contener la situaci\u00f3n, pero el odio ya ha prendido.<\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a, presume de ser una democracia consolidada, moderna, y respetuosa con los derechos humanos, pero no hay m\u00e1s que rascar un poco debajo de ese barniz de civilizaci\u00f3n para ver la violencia racial y pol\u00edtica que los gitanos llevan siglos soportando. Estos verdaderos pogromos no son una reliquia medieval ni un concepto ajeno. Existen aqu\u00ed y ahora. Lo que cambia es el lenguaje con el que se describen. Se habla de disturbios, altercados vecinales o conflictos comunitarios. Pero cuando una multitud incendia viviendas, persigue familias y obliga a una comunidad a huir por su origen \u00e9tnico, eso no es otra cosa que un pogromo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el t\u00e9rmino se asocia com\u00fanmente con los ataques antisemitas en Europa del Este, su definici\u00f3n m\u00e1s amplia \u2014violencia colectiva, impulsada por odio racial o \u00e9tnico, con escasa o nula intervenci\u00f3n estatal\u2014 se aplica perfectamente a una serie de episodios ocurridos en Espa\u00f1a desde siempre, particularmente en los \u00faltimos a\u00f1os contra dos grupos: gitanos e inmigrantes marroqu\u00edes. Ambos colectivos comparten una historia de estigmatizaci\u00f3n, marginaci\u00f3n y criminalizaci\u00f3n. En sus casos, el racismo no es solo social o simb\u00f3lico: se convierte en acci\u00f3n f\u00edsica, en castigo colectivo, en expulsi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los casos m\u00e1s antiguos y violentos que recuerdo fue el de Montcada i Reixac (Barcelona) en 1991. Tras una pelea en la que muri\u00f3 un joven payo, vecinos del barrio incendiaron m\u00e1s de veinte casas de familias gitanas. Las v\u00edctimas huyeron, algunas con lo puesto. No hubo muertos y las autoridades minimizaron el incidente como una \u201crespuesta descontrolada de la poblaci\u00f3n\u201d, y nadie fue condenado. Fue un patr\u00f3n que se repetir\u00eda. En 2005, en Martos (Ja\u00e9n), otra pelea desencaden\u00f3 un ataque masivo contra casas gitanas, con escenas que recuerdan m\u00e1s a los pogromos de la Rusia zarista que a una democracia del siglo XXI. En 2015, en Peal de Becerro, tambi\u00e9n en Ja\u00e9n, cinco viviendas fueron incendiadas tras una discusi\u00f3n entre familias. En 2017, Castellar volvi\u00f3 a vivir una escena similar. En todos estos casos, las familias gitanas afectadas fueron expulsadas de facto, sin que el las autoridades las protegieran ni les ofreciera garant\u00edas para regresar.<\/p>\n\n\n\n<p>A este tipo de violencia no se le da un nombre. No se reconoce oficialmente como pogromo ni se investiga como crimen de odio colectivo. En los medios se suele hablar de \u201cjusticia vecinal\u201d o \u201ctensi\u00f3n social\u201d. Pero cuando varias decenas o cientos de personas atacan casas de una minor\u00eda por su origen \u00e9tnico, la l\u00f3gica que opera es la misma que en cualquier pogromo cl\u00e1sico: odio racial, venganza simb\u00f3lica, y una complicidad estructural, aunque sea pasiva, por parte de las instituciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso m\u00e1s evidente y brutal de esta l\u00f3gica aplicada a los inmigrantes magreb\u00edes fue el de El Ejido, en Almer\u00eda, en febrero del a\u00f1o 2000. Tras el asesinato de una mujer por un inmigrante marroqu\u00ed con problemas mentales, estall\u00f3 una aut\u00e9ntica cacer\u00eda. Durante tres d\u00edas, miles de personas tomaron las calles, quemaron chabolas, saquearon comercios, agredieron a inmigrantes al azar. No se trat\u00f3 de un estallido espont\u00e1neo, sino de una oleada organizada, sostenida y p\u00fablicamente apoyada por sectores de la poblaci\u00f3n local. Hubo m\u00e1s de 60 heridos, cientos de desplazados y una comunidad entera aterrorizada. Las fuerzas de seguridad se mantuvieron al margen durante buena parte del episodio, y cuando intervinieron, fue tarde y con tibieza. Ninguno de los agresores fue condenado por delitos de odio. En su lugar, se reforzaron los controles sobre los inmigrantes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Ejido no fue un caso aislado, sino un punto de inflexi\u00f3n. Marc\u00f3 el inicio de una forma de racismo visible, socialmente legitimado, que se reproduce cada vez que la opini\u00f3n p\u00fablica asocia la delincuencia, la inseguridad o la pobreza con el inmigrante magreb\u00ed o subsahariano. En 2021, en N\u00edjar (tambi\u00e9n en Almer\u00eda), las chabolas de decenas de trabajadores marroqu\u00edes fueron incendiadas tras el asesinato de un agricultor. No import\u00f3 que el presunto autor del crimen ya estuviera detenido. La comunidad fue castigada como un todo, al margen de cualquier legalidad. Los afectados se quedaron sin casa y sin recursos. La respuesta institucional fue, como siempre, tard\u00eda e insuficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Algo similar ocurri\u00f3 en Terrassa en 2006, y en Lleida en 2019, donde grupos de vecinos atacaron a temporeros o comerciantes marroqu\u00edes en contextos de tensi\u00f3n local. En muchos pueblos agr\u00edcolas, los marroqu\u00edes son esenciales para el trabajo del campo, pero eso no evita que sean tratados como cuerpos prescindibles. Su presencia solo es tolerada en tanto sirvan. Si hay un conflicto, cualquier chispa puede encender el racismo latente que recorre las relaciones sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>El elemento com\u00fan en todos estos pogromos contempor\u00e1neos es su impunidad. No hay consecuencias penales proporcionales, ni una narrativa p\u00fablica que nombre el fen\u00f3meno por lo que es. En lugar de eso, los discursos institucionales lo presentan como un problema de convivencia o un \u201cchoque cultural\u201d. Se eluden las palabras \u201cracismo\u201d, \u201codio \u00e9tnico\u201d, \u201cviolencia estructural\u201d. La consecuencia es una doble invisibilizaci\u00f3n: la de las v\u00edctimas y la del sistema que permite que estos ataques se repitan.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro rasgo preocupante es el papel que juegan los medios de comunicaci\u00f3n. Con frecuencia, la cobertura reproduce el marco de la mayor\u00eda agresora: justifica el ataque como reacci\u00f3n a un \u201cdelito\u201d cometido por un miembro del grupo agredido, aunque no haya prueba alguna. El caso concreto se convierte en excusa para criminalizar a todo el colectivo. Este tratamiento alimenta el ciclo de estigmatizaci\u00f3n y miedo, y allana el terreno para futuras violencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco ayuda el discurso pol\u00edtico. En los \u00faltimos a\u00f1os, VOX ha blanqueado abiertamente el racismo contra gitanos, magreb\u00edes y otros inmigrantes. Se les retrata como par\u00e1sitos del sistema, como amenazas culturales o como responsables del crimen organizado. Este discurso no solo legitima el odio, sino que activa emocionalmente a sectores de la poblaci\u00f3n dispuestos a traducirlo en violencia directa.<\/p>\n\n\n\n<p>El Estado tiene mecanismos legales para combatir estos ataques: la ley de delitos de odio, los tratados internacionales sobre derechos humanos, el c\u00f3digo penal. Pero en la pr\u00e1ctica, estos mecanismos rara vez se activan cuando las v\u00edctimas son gitanos o inmigrantes marroqu\u00edes. No es solo una cuesti\u00f3n de leyes, sino de voluntad pol\u00edtica. Mientras la sociedad no reconozca que estos ataques son pogromos \u2014no simples altercados, no \u201cdisturbios espont\u00e1neos\u201d\u2014, no habr\u00e1 forma de erradicarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que est\u00e1 ocurriendo en Torre Pacheco no es un estallido aislado ni una reacci\u00f3n espont\u00e1nea: es el resultado directo de a\u00f1os de discurso institucional que ha convertido la xenofobia en estrategia pol\u00edtica. VOX lleva tiempo criminalizando a los inmigrantes magreb\u00edes con total impunidad, y el Partido Popular \u2014con su silencio, sus gui\u00f1os y sus marcos discursivos\u2014 no ha hecho m\u00e1s que normalizar ese veneno. Cuando desde tribunas p\u00fablicas se insiste en que los inmigrantes \u201ccolapsan los servicios\u201d, \u201cponen en riesgo la seguridad\u201d o \u201crechazan integrarse\u201d, no se est\u00e1 describiendo un problema: se est\u00e1 se\u00f1alando un enemigo. Y cuando se se\u00f1ala un enemigo, no tarda en aparecer quien se cree con derecho a castigarle. Esa cadena, desde la palabra al fuego, no es abstracta ni ret\u00f3rica: es literal. Y quienes la alimentan desde el poder no son ajenos al pogromo. Son parte de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de pogromos en Espa\u00f1a no es exagerar. Es poner nombre a una forma de violencia que ha existido hist\u00f3ricamente y que sigue reproduci\u00e9ndose bajo nuevas formas. Las v\u00edctimas no solo pierden sus casas o su seguridad: pierden el derecho a existir como iguales en el espacio p\u00fablico. Son expulsadas no por lo que han hecho, sino por lo que representan. Y eso, en cualquier lugar del mundo, se llama racismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reconozco que las noticias de los altercados en Torre Pacheco me han conmovido m\u00e1s de lo habitual. 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