{"id":183,"date":"2025-05-21T13:00:47","date_gmt":"2025-05-21T13:00:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=183"},"modified":"2025-05-21T13:00:47","modified_gmt":"2025-05-21T13:00:47","slug":"con-franco-vivia-mejor-mi-algoritmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/con-franco-vivia-mejor-mi-algoritmo\/","title":{"rendered":"Con Franco viv\u00eda mejor&#8230; mi algoritmo"},"content":{"rendered":"\n<p>Hay algo en el pasado imperial espa\u00f1ol \u2014con sus morriones, su himno de los tercios, sus mapas te\u00f1idos de un solo color en los que nunca se pone el sol\u2014 que sigue resultando cautivador para los cr\u00edos. Algo que, sin haberlo vivido, causa a\u00f1oranza y anhelo. No pueden hablar de lo que fue el imperio en t\u00e9rminos exactos, claro, pero cuando idealizan al Duque de Alba, a Cort\u00e9s o a Legazpi repiten aquello de que \u201cantes Espa\u00f1a era respetada\u201d; lo mismo pasa con la figura de Franco. Los chavales rescatan una fantas\u00eda de grandeza, de orden, de destino, que nunca fue. Les fascina esa Espa\u00f1a que parec\u00eda no pedir permiso, esa naci\u00f3n con voz grave -Gonzalo, \u00a1get the pike! -, sin titubeos ni par\u00e1lisis. Una Espa\u00f1a inventada, en realidad, pero que en estos tiempos de incertidumbre y mediocridad puede parecer m\u00e1s real que el presente.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-10.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"250\" height=\"250\" src=\"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-10.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-184\" srcset=\"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-10.png 250w, https:\/\/www.bloj.es\/tow\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/image-10-150x150.png 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px\" \/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n<p>Yo lo veo en casa. Mi hija, catorce a\u00f1os, ha empezado a interesarse por la historia de la \u201cEspa\u00f1a virreinal\u201d. Como otros ni\u00f1os de su edad, va saltando entre conquistas y mapas coloreados. Un d\u00eda me pregunt\u00f3 por qu\u00e9 Espa\u00f1a ya no era un imperio. Quer\u00eda saber cu\u00e1ndo dejamos de ser \u201cgrandes\u201d. Lo dec\u00eda sin iron\u00eda, sin intenci\u00f3n ideol\u00f3gica. Le fascinaba el gesto, el tama\u00f1o, las decisiones irrevocables. Esa visi\u00f3n de la historia como tablero de ajedrez donde alguien mueve las piezas con seguridad. As\u00ed que le habl\u00e9 de la nefasta gesti\u00f3n del imperio, de las independencias americanas, de lo que signific\u00f3 el siglo XIX para nuestro pa\u00eds y de la violencia que suele quedar fuera de los libros. Pero ella se qued\u00f3 m\u00e1s tiempo en la idea de los galeones, las universidades y las encomiendas que en la de los indios a los que Col\u00f3n cortaba las manos por no llegar a la cuota de oro o las chavalas vendidas como concubinas. Es normal. A esa edad, la \u00e9pica entra antes que la \u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Para algunos, lo imperial tiene algo de refugio. Les atrae porque su presente es d\u00e9bil, inestable, poco ilusionante. Viven en un pa\u00eds con salarios bajos, alquileres imposibles, pol\u00edticos gritones y un relato nacional hecho jirones. La Espa\u00f1a que viven es una Espa\u00f1a cansada, deshilachada, sin grandes gestas, sin horizonte com\u00fan y asimilada por una Europa burocratizada. En cambio, esa otra \u2014la de los discursos imperiales, de las plazas abarrotadas y los l\u00edderes que no dudan\u2014 ofrece algo muy distinto: identidad, prop\u00f3sito, direcci\u00f3n. Les promete ser parte de algo grande, aunque sea una ilusi\u00f3n retrospectiva. \u00bfY qui\u00e9n no querr\u00eda, al menos por un momento, sentirse parte de algo m\u00e1s poderoso que su propia vida?<\/p>\n\n\n\n<p>Hay tambi\u00e9n un componente est\u00e9tico, simb\u00f3lico. El franquismo, por ejemplo, no solo impuso un orden pol\u00edtico, sino tambi\u00e9n una est\u00e9tica -aunque fuera un nazismo de Almacenes Arias. Uniformes, desfiles, arquitectura monumental y banderas sin matices. Frente al caos y la fragmentaci\u00f3n del presente, esa est\u00e9tica del orden sigue teniendo fuerza. El fascismo se ha convertido en meme, en provocaci\u00f3n pop, en iron\u00eda est\u00e9tica, pero detr\u00e1s del chiste sigue latiendo una atracci\u00f3n genuina. La dictadura se ha convertido en contenido. Y en un mundo saturado de im\u00e1genes, la imagen de autoridad sigue compitiendo con \u00e9xito frente al caos de la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que me preocupa no es solo el desconocimiento hist\u00f3rico \u2014que tambi\u00e9n\u2014 sino el vac\u00edo simb\u00f3lico. Muchos j\u00f3venes no tienen una memoria familiar directa del franquismo \u2013 pasamos sobre \u00e9l como muchos alemanes del nazismo, en el metro- ni un relato educativo s\u00f3lido sobre qu\u00e9 signific\u00f3 realmente. No saben qu\u00e9 fue el imperio, ni c\u00f3mo se sostuvo, ni qu\u00e9 se sacrific\u00f3 para mantenerlo. Solo perciben su sombra gloriosa, no sus cad\u00e1veres en cunetas. Ven el poder, no la represi\u00f3n. Ven el orden, no el silencio asustado del disidente. El sistema educativo espa\u00f1ol trata su historia m\u00e1s reciente como si fuera un ap\u00e9ndice inc\u00f3modo -si alguna vez llega en las jornadas acortadas del mes de junio-. Se pasa por el franquismo de puntillas, si queda tiempo al final del curso. El imperio se presenta con brillo, casi con orgullo, pero sin sangre. Y cuando la historia no se ense\u00f1a, se reinventa.<\/p>\n\n\n\n<p>A esto se suma la incapacidad de la pol\u00edtica espa\u00f1ola para mirar atr\u00e1s sin hipocres\u00eda. El Partido Popular no ha sido capaz de romper con ese pasado simb\u00f3lico. No porque quiera restaurar la dictadura, sino porque le incomoda reconocer que parte de su imaginario \u2014y de su base social\u2014 sigue considerando el franquismo como \u201cun r\u00e9gimen con luces y sombras\u201d en el mejor de los caso, cuando no directamente se enorgullecen de sus \u201clogros\u201d, sin llegar nunca a explicar la culpa que tuvo el r\u00e9gimen en el sustancial atraso que vivi\u00f3 Espa\u00f1a respecto del resto de Europa. Esa frase \u2014tan manida y cobarde\u2014 se repite como coartada para no decir lo obvio: que fue una dictadura, una maquinaria de miedo y coerci\u00f3n. Pero decirlo con claridad implicar\u00eda romper v\u00ednculos, incomodar votantes, hacer pedagog\u00eda. As\u00ed que no se hace. Y mientras no se haga, el franquismo seguir\u00e1 flotando como un t\u00f3tem ambiguo: para unos, un tab\u00fa; para otros, una nostalgia.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cizquierda\u201d tampoco est\u00e1 exenta de culpa. A pesar de su defensa formal de la memoria democr\u00e1tica, no ha logrado construir un relato s\u00f3lido que emocione. Ha impulsado leyes parciales, sin alma, sin narrativa. Ha hablado mucho del pasado, pero a menudo mal. No ha sabido hacerlo desde la emoci\u00f3n, desde el deseo. No ha conseguido contrarrestar el relato nacionalcat\u00f3lico e imperialista con otro que enamore. Y cuando la ultraderecha irrumpi\u00f3 con fuerza -se atrevi\u00f3 a desgajarse del proyecto del Partido Popular-, muchos en la izquierda se quedaron repitiendo viejas consignas que ya no conmov\u00edan a nadie. Mientras unos gritaban \u201cviva Espa\u00f1a\u201d con vehemencia kitsch, los otros susurraban \u201cRep\u00fablica\u201d como quien se disculpa por creer en algo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este vac\u00edo simb\u00f3lico, los j\u00f3venes buscan. Y encuentran en el imperio \u2014o lo que imaginan que fue el imperio\u2014 una respuesta falsa, pero reconfortante. Es la l\u00f3gica de toda reacci\u00f3n: el presente no funciona, el futuro da miedo, el pasado se idealiza. Da igual que ese pasado haya sido un espejismo sostenido por la propaganda nacionalista y el miedo. Da igual que fuera injusto, desigual, represivo. Lo que importa es que da forma a un sentimiento. Es un relato que reconforta porque simplifica. Porque no duda. Porque no exige matices ni preguntas a las que no nos atrevemos a dar respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tal vez tambi\u00e9n porque nosotros \u2014sus padres, sus profesores, sus referentes\u2014 no siempre les hemos contado otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo profundamente humano en esa tentaci\u00f3n. Lo imperial atrae porque elimina la ambig\u00fcedad. Porque promete fuerza en un mundo d\u00e9bil, unidad en una sociedad dividida. Y si nadie desmonta esa promesa con inteligencia y verdad, seguir\u00e1 creciendo como un hongo en el s\u00f3tano. No basta con ridiculizar al joven que dice que \u201ccon Franco se viv\u00eda mejor\u201d sin preguntarse por qu\u00e9 lo dice. Quiz\u00e1 porque en su casa han perdido el trabajo -o porque efectivamente, en su casa, con Franco se viv\u00eda mejor-, o porque nunca ha o\u00eddo una historia real de alguien que vivi\u00f3 con miedo, o porque la \u00fanica Espa\u00f1a que conoce es la que se insulta en el Congreso y se rompe en las redes sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi hija a\u00fan est\u00e1 a tiempo de aprender a mirar ese pasado con m\u00e1s profundidad \u2013 \u00a1sujetadme el cubata!-. Pero no ser\u00e1 suficiente con que lo escuche en casa. Tendr\u00e1 que encontrarlo tambi\u00e9n en los libros que lea en el colegio, en los relatos que escuche fuera, en las instituciones que le hablen con claridad. No se trata de prohibirle la fascinaci\u00f3n, sino de darle herramientas para que distinga entre historia y mito, entre s\u00edmbolo y verdad. Porque ese imperio que la deslumbra \u2014como deslumbra a muchos\u2014 no fue un proyecto de grandeza, sino de dominio. Y eso hay que saberlo decir sin gritar -me va a costar, lo se-.<\/p>\n\n\n\n<p>El imperio ya no existe, pero su fantasma sigue hablando. Habla en los silencios de los libros de texto. Habla en las palabras que los pol\u00edticos no se atreven a pronunciar. Habla en los v\u00eddeos virales donde se agita una bandera con m\u00fasica \u00e9pica y se proclama que \u201cnos la han robado\u201d. Y mientras ese relato tenga fuerza y nadie lo contradiga con algo m\u00e1s deseable, m\u00e1s libre, m\u00e1s digno, seguir\u00e1 siendo atractivo para quienes no han conocido otra cosa que el desencanto que trae la democracia como el mejor de los peores sistemas de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>No creo que la respuesta a este problema sea tratar de disputar el pasado con m\u00e1s s\u00edmbolos, sino de disputar el futuro con m\u00e1s verdad. Mientras la nostalgia se siga sintiendo m\u00e1s emocionante que la democracia, mientras la \u00e9pica siga ganando a la \u00e9tica en los patios de colegio y en los timelines, la historia seguir\u00e1 siendo reh\u00e9n del mito. No basta con se\u00f1alar el error: hay que ofrecer una promesa mejor. Porque si no contamos otra Espa\u00f1a \u2014una que emocione sin enga\u00f1ar\u2014 otros seguir\u00e1n vendiendo la que nunca existi\u00f3, pero consuela. Y en pol\u00edtica, consolar a menudo pesa m\u00e1s que convencer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay algo en el pasado imperial espa\u00f1ol \u2014con sus morriones, su himno de los tercios, sus mapas te\u00f1idos de un solo color en los que nunca se pone el sol\u2014 que sigue resultando cautivador para los cr\u00edos. Algo que, sin haberlo vivido, causa a\u00f1oranza y anhelo. 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