{"id":156,"date":"2025-04-21T15:37:17","date_gmt":"2025-04-21T15:37:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.bloj.net\/tow\/?p=156"},"modified":"2025-04-21T15:37:17","modified_gmt":"2025-04-21T15:37:17","slug":"first-world-problems","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.bloj.es\/tow\/first-world-problems\/","title":{"rendered":"First World Problems"},"content":{"rendered":"\n<p>Hubo un tiempo en que sentarme frente a una hoja en blanco era casi mec\u00e1nico. Pod\u00eda escribir 1.500 palabras en menos de 45 minutos con la soltura de un tertuliano en Onda Cero: con m\u00e1s confianza que conocimientos, m\u00e1s entusiasmo que autoridad. Era un juego, un ejercicio de gimnasia mental que me permit\u00eda superar, durante un rato, la frustraci\u00f3n de que mis padres no me hubieran dejado estudiar periodismo -Los blogs, los a\u00f1os 2000, corramos un tupido velo.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Puede que mis textos no tuvieran la profundidad de un art\u00edculo acad\u00e9mico, y que muchas veces se parecieran m\u00e1s a las redacciones de un alumno aplicado de COU que a las columnas de opini\u00f3n que uno guarda en sus favoritos, pero yo me sent\u00eda c\u00f3modo en ese tono. Me gustaba c\u00f3mo sonaba mi voz escrita, y encontraba en las peque\u00f1as an\u00e9cdotas que me ofrec\u00eda mi trabajo como abogado aut\u00f3nomo el combustible suficiente para mantener esa llama encendida. Hab\u00eda un cierto equilibrio. Escribir me ayudaba a pensar, y pensar me ayudaba a seguir escribiendo.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego, dej\u00e9 de escribir.<\/p>\n\n\n\n<p>El motivo principal \u2014aunque no el \u00fanico\u2014 fue la muerte de Tama. Su ausencia fue como un mazazo que parti\u00f3 mi vida, y por donde se sigue filtrando tristeza.. Dejar de escribir no fue algo repentino, sino m\u00e1s bien una retirada silenciosa. Una rendici\u00f3n sin titulares. Empec\u00e9 a postergar las ideas, a dejar para ma\u00f1ana lo que antes hac\u00eda con entusiasmo, y cuando quise darme cuenta, hab\u00edan pasado semanas, meses y a\u00f1os. &nbsp;Desde entonces, arrastro una depresi\u00f3n de alta funcionalidad, esa variedad silenciosa que no te impide ir a trabajar, pero que convierte cada gesto cotidiano en un peque\u00f1o marat\u00f3n.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>La depresi\u00f3n no me ha tumbado, pero ha cambiado el modo en que me relaciono con la vida. A veces. sufro astenia durante semanas o ataques de ansiedad que me obligan a respirar como si me estuvieran ense\u00f1ando a hacerlo, y tomo medicamentos \u2014lexatines, paroxetina\u2014 que me permiten, m\u00e1s o menos, seguir. Hago lo imprescindible para mantenerme a flote, y en medio de ese intento, trato de criar a mis dos hijas lo mejor que puedo. Ese es un tema completo para otro post.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicen que la vida es eso que te pasa mientras est\u00e1s ocupado haciendo otros planes. En mi caso, la vida es eso que me ha ido pasando mientras intentaba no pararme del todo. En los \u00faltimos dos a\u00f1os, he sumado un par de muertes cercanas y una separaci\u00f3n que vino con mudanza incluida, cajas que todav\u00eda est\u00e1n por abrir y muchos libros que a\u00fan no s\u00e9 d\u00f3nde guardar. Todo eso me ha dejado con la sensaci\u00f3n, casi f\u00edsica, de que la vida ha pasado de largo, como un tren en el que no me dejaron subir. Y ahora lo veo alejarse con resignaci\u00f3n, sabiendo que ya no tiene sentido correr detr\u00e1s.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Me encuentro, adem\u00e1s, con una preocupaci\u00f3n que no es tanto por m\u00ed como por mis hijas: la imposibilidad real de acceder a una vivienda propia. En otro momento me lo habr\u00eda tomado con filosof\u00eda o con rabia, pero ahora solo siento una mezcla de impotencia y tristeza. Ellas merecen algo mejor que esta incertidumbre permanente, este vivir a salto de mata, este saber que nunca sabr\u00e1n lo que es crecer en una casa que realmente se pueda llamar hogar.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Y sin embargo \u2014y aqu\u00ed viene la parte m\u00e1s dif\u00edcil de digerir\u2014, me siento un ingrato. Porque dentro de todo, tengo una estabilidad laboral envidiable, al menos para los est\u00e1ndares actuales. Mientras muchos de mis amigos hacen malabares para llegar a fin de mes, yo s\u00e9 que, salvo que la l\u00ede muy gorda, voy a seguir teniendo un plato caliente en la mesa. Tengo un trabajo en el que me encuentro a gusto -todo lo a gusto que se puede estar entrando a trabajar a las ocho de la ma\u00f1ana, quiero decir-. S\u00e9 que eso deber\u00eda bastar para sentirme agradecido. Pero no lo hace. Y esa culpa, esa sensaci\u00f3n de estar traicionando un privilegio silencioso, me pesa tambi\u00e9n.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>Esta Semana Santa, por ejemplo \u2014la primera en muchos a\u00f1os que he tenido completamente libre\u2014, la he pasado entera en la cama. No por agotamiento f\u00edsico, sino por una especie de abulia existencial. Me la pas\u00e9 mirando reels en el m\u00f3vil, saltando de una plataforma a otra. No me dol\u00eda nada, pero me pesaba todo.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es como me encuentro: deprimido por estar en una situaci\u00f3n que muchos envidiar\u00edan, por vivir en una paradoja en la que la comodidad no logra esconder el vac\u00edo.\u200b<\/p>\n\n\n\n<p>A veces me pregunto si escribir sobre esto servir\u00e1 de algo. Si ponerlo en palabras lo har\u00e1 m\u00e1s llevadero, o si simplemente lo har\u00e1 m\u00e1s real.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hubo un tiempo en que sentarme frente a una hoja en blanco era casi mec\u00e1nico. Pod\u00eda escribir 1.500 palabras en menos de 45 minutos con la soltura de un tertuliano en Onda Cero: con m\u00e1s confianza que conocimientos, m\u00e1s entusiasmo que autoridad. 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